Hace unos días hablábamos (CLICK AQUÍ PARA VERLO) sobre una propuesta para desarrollar tu primer set de 8-10 minutos de standup. Hoy le toca el turno a uno de esos contenidos que digo que en el fondo son fáciles de contar en la teoría, pero difíciles de ejecutar con dignidad en la práctica: El Storytelling (la parte central del set). Eso sí, a veces pensamos en que una historia que nos hace mucha gracia a nosotros o nuestro grupo de amigos tiene un potencial que luego no es tal y esto responde a una serie de elementos que, aunque no nos garantizan (no me canso de repetir esto) un éxito al 100%, sí son claves en esta variante.

¿Por qué ha ganado tanto terreno el storytelling en el stand-up? El contar historias tiene principalmente dos puntos a favor respecto a los bloques de cómico clásico en el que se sueltan una tirada de chistes sobre un tópico en concreto: Una vez tenemos la historia en sí es bastante más fácil tener 4-5 minutos de texto con interés y, además, genera un contenido mucho más personal y propio y también mucho más difícil de contar.

¿Qué ingredientes necesito? Básicamente una historia o anécdota tiene una estructura que puede recordar mucho a los sketches o incluso a tramas, por ejemplo, de una sitcom. En las mismas se parte de una situación de salida normal, en la cual se genera un conflicto (ahora matizamos esto de conflicto) en la que este, unido a las características personales del protagonista (en nuestro caso, el propio cómico) genera un aumento de tensión cómica hasta que acaba explotando generando un cambio en nuestras vidas o sucediendo un giro o lo que ahora se llama “plot twist” a pie de calle.

La principal diferencia entre el standup basado en chistes y el basado en historias es que en el segundo caso los gags están basados en la situación generada más que en los clásicos chistes de inicio de frase coherente más remate/sorpresa del gag clásico.

  • Personaje: Nuestra persona (o la del protagonista) debe presentar características muy concretas que generen conflictos: Desde el aspecto o cualquier características física pasando por manías, miedos o peculiaridades de la personalidad.
  • Aparición del conflicto: Se genera un choque entre la situación y las características de los protagonistas que debe resultar interesante (punto clave) para el público. Por cierto, a partir de ahora el conflicto pasa a ser el protagonista, así que todo o casi todo lo que se salga del mismo, puede restar más que sumar.
  • Tensión CÓMICA en progresión: La nueva situación creada parte de una alteración de la normalidad que va aumentando con el avance de la historia hasta llegar al giro final. Por otro lado, la tensión generada debe suponer un conflicto no dramático, en el que quede claro que la situación no pone en peligro a nadie o, cuanto menos, es algo que ya está superado (lo de comedia = tragedia + tiempo, vamos). Cuidado, no estamos diciendo que en esta parte no hayan gags, sino que deben ir orientados al conflicto y lo que nos vamos encontrando durante el mismo.
  • Debemos estar atados al conflicto: El conflicto nos debe afectar de tal manera que no podamos evitarlo fácilmente. Los típicos bloques de hacerse caca en una cita responden, por ejemplo, a una necesidad fisiológica que no podemos evitar. Aquí, mal nos pese, aspectos más viscerales como la supervivencia, el dolor, el orgullo, el amor, etc. son los que tienen más opciones de funcionar.
  • Un cierre potente: Incluso yo he tenido bloques que, después de muchos intentos, han muerto como tal por la falta de un cierre que realmente deje la historia en alto. En este caso, sí puede encajar incluso un punchline en un concepto más convencional. Bill Kilpatrick, autor de “Stand-Up as Storytelling”, compara la anécdota con un árbol de navidad: Deben existir elementos decorativos (gags) durante la subida, pero la estrella debería estar en la cúspide (el final de la anécdota). Insisto, creo que lo más difícil del proceso.

OJOCUIDAO! Hemos hablado de revelar la característica personal que genera el conflicto, pero una forma de contar anécdotas puede ser (si se presta la historia, claro) a generar una situación inexplicable en el cual el remate o giro final sea la revelación de la característica del conflicto, normalmente cuando esta está en una segunda o tercera persona y el otro elemento del conflicto es nuestro desconocimiento del mismo.

¿Y cómo transformo la anécdota real en una de stand-up?

El ideal al que nos debemos acercar consiste en darle dinamismo a la sucesión de hechos que hacen progresar la historia, eso hace que convenga que la misma normalmente tenga ciertos retoques: Eliminar todos los elementos (incluidas personas) que no tengan un significado o aporte en la historia y retocar la misma al extremo de la exageración dentro de la verosimilitud (vamos, que debe existir una posibilidad de que lo que cuentas pueda pasar realmente) resultar claves para el éxito del bloque.

En este caso, el sistema por preguntas que hemos comentado ya varias veces (y que tendrás en unas semanas en español en la última actualización de mi manual de Stand Up que puedes encontrar AQUÍ) partiendo de las obligatorias (qué, cuándo, dónde, cómo, quién y por qué, las famosas 6W en inglés) que incluso te pueden servir para ya tener algunos gags de salida en la introducción del bloque.

Por otro lado, también debemos considerar que la duración de la historia no debe irse a más allá de 4-5 minutos en su parte principal, especialmente cuando somos cómicos noveles, básicamente porque mantener el incremento de tensión cómica durante más tiempo va a ser muy complicado. Si ves que te estás yendo a más de 400-500 palabras, debes recortar cosa con casi toda seguridad. Mal te duela. Otra cosa es que puedas alargar la misma una vez generado el giro final con otros chistes u opiniones a modo de conclusión. Así que dale flow.

Puntos a favor:

  • Generas material rápido.
  • Si consigo un conflicto potente, es más fácil mantener el interés.
  • Es un material mucho más cercano que permite generar confidencialidad con el público.

Puntos en contra:

  • Como no vayamos al grano y seamos capaces de sintetizar, se nos va a ir el tiempo.
  • La densidad de gags baja.
  • Como pierdas la atención del público se vienen 5 minutos de funeral.
  • No debemos caer en contar cosas inverosímiles.

Cómicos storytellers para ver:

  • Jim Jefferies. El australiano con pinta de borracho eterno es capaz de desarrollar un bloque de anécdota durante casi un cuarto de hora, cosa que en casi cualquier otro cómico sería un suicidio.
  • Dave Chappelle sin duda alguna, un tío que se puso en el top hace ya más de 20 años para prácticamente desaparecer durante 15 y volver cascándose 3 especiales y medio en Netflix (y un quinto posterior hablando sobre los problemas raciales en USA) con una solvencia que da hasta rabia.
  • Bill Cosby. Obviamente sus conductas personales son más que reprochables, pero podemos ver ya como hace muchas décadas estableció las bases de lo que luego han seguido otros cómicos como Richard Pryor o el propio Chappelle.
  • Danny Boy Rivera. De los españoles ya hemos hablado en el blog del bloque de “La Guerra del Fletán” de Danny Boy (CLICK AQUÍ PARA VER EL POST) en el que encima habla de una anécdota histórica y no personal, eso sí, basándose en el carácter gallego. También es español puedes ver a Iggy Rubin, que ha currado muchísimo la técnica en el stand-up y basta ver su evolución con los años para darse cuenta de ello.
  • Y, por supuesto, los Kevin Hart, Bill Burr (como el caso de Bill Cosby, otra cosa es cómo te caiga el tío), John Mulaney, Tom Segura o Mike Birbiglia de turno.

REFERENCIAS:

  • Kilpatrick, Bill (2020). Stand-Up as storytelling. Edición independiente.
  • Volle, Jared (2019). Playfully Inappropiate. Edición Independiente.
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2 Replies to “Contar historias en StandUp (Storytelling) no es lo mismo que dar la chapa.”

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