Se dice mucho que los problemas tienen que servir cuanto menos para aprender. Y si estamos en un blog de comedia y delante de un problema tan jodido como la crisis y epidemia del coronavirus, pues justo podemos coger algo que es muy obvio: Muchos de nosotros empezamos riéndonos directamente de la enfermedad y, por razones lógicas (si no, ya entraríamos en psicopatía), hemos recogido cable visto el avance.

Por otro lado, tal y como he comentado con algún compañero, por supuesto está el tema saturación, el cual ya ni lo cito ni profundizo en ello porque no aporta nada.

Lo de tragedia + distancia ya lo sabemos. Dime algo nuevo.

Sí que creo que hay que cambiar lo de tiempo por distancia, porque en realidad nos reímos de algo que ha pasado, aunque sea en primera persona, a una distancia importante. Eso a su vez también haría que no se le de para nada la misma importancia a un fallecido en Kuala-Lumpur (a no ser que lo estés leyendo desde ahí o tengas familia en la zona) que uno en tu barrio. No te puede afectar igual ni a ti ni a los que te escuchan. Ahora vamos a las dos cosas que te quería decir:

  • Existe una curva crueldad-risa peculiar.

Más concretamente en forma de U invertida o campana. Un estudio de Herzog & Anderson en el 2000 comprobó que chistes excesivamente blancos o sin un objetivo o diana claro no eran valorados por los sujetos que formaron dicho análisis. Los más valorados eran los de contenido sexual (qué sorpresa, eh) o sobre personas con discapacidad (chistes de ciegos o cualquiera del repertorio de grandes éxitos de Arévalo), mientras que los menos valorados son los de… bebés muertos. Sí, chistes de bebés muertos. Os pongo 2 del estudio:

¿Por qué se pone a hervir agua cuando nace un bebé? Porque si nace muerto, al menos puedes hacer caldo.

¿Qué es peor que encontrar diez cadáveres de bebé en un contenedor de basura? Encontrar un cadáver de bebé en 10 contenedores de basura.

Humor para todos los públicos, queridos.

Además, no todos los sujetos son iguales. Normalmente nos reímos mucho más en vídeos de caídas cuando la víctima era alguien que hacía directamente el imbécil. Hay risa por el golpe y risa porque el tonto de turno recibe su merecido (véase el vídeo del Cara Anchoa).

Lo que dice este estudio es que a la hora de reír somos cabrones, pero no del todo. Sólo un poco. Y unos más que otros. Además, también deberíamos dejar de pensar en lo del “humor de abajo a arriba”, sino en conductas o aspectos que podemos considerar necios, torpes, etc.

  • Tensión cómica vs. Tensión dramática.

Aquí va la segunda parte: Los sketches, gags o bloques de anécdota (al estilo Dave Chappelle, para entendernos) gustan cuando hay una persona que está en aprietos o sufre. Sin embargo, hay una diferencia importante: La tensión cómica marca un aprieto que sabemos que no va a dejar graves secuelas en el protagonista o que al menos ha superado esa historia (como lo de la tragedia + distancia que hablábamos antes), tanto porque sabemos que es un personaje de ficción como porque (en stand-up) nos lo está contando en primera persona y se le ve bien. Pero, si está situación digamos que puede superar la seguridad de la persona o dejar secuelas que no supera o puede conllevar, pasamos a la tensión dramática.

Pongamos un ejemplo: Vas por la calle a las 2 de la mañana y te empieza a perseguir alguien… Ese inicio puede ser tanto el comienzo de un gag cómico como de una secuencia dramática o incluso de terror. Incluso pueden avanzar de forma muy similar en ambos, pero con un desenlace diferente: En el cómico no pasa nada grave (igual te estaba persiguiendo tu madre) y en el dramático sí (un psicópata con máscara de portero de hockey y una motosierra que te quiere matar).

Pues eso ha pasado ahora, hace un mes pensábamos que nos perseguía una gripe común originada en la sopa de murciélago tal y como pasó en varias ocasiones como con la Gripe Aviar y ahora seguramente ya conocemos varios infectados e incluso algún fallecido (famoso como Lorenzo Sanz o Lucía Bosé, por poner dos ejemplos). Así que aunque todavía hacemos muchos chistes con cosas relacionadas con el coronavirus, este en sí ya ha dejado de tener gracia.

Ambos ingredientes justifican que hayamos pasado a hacer chistes del coronavirus en sí a hacerlos, por ejemplo con coñas relacionadas con el confinamiento o nuestras conductas habituales, ya que son situaciones que igual generan cierta crueldad e incluso tristeza, pero es algo que queda claro (salvo sorpresas) de lo que se va a salir.

REFERENCIAS:

  • Herzog, T. R., & Anderson, M. R. (2000). Joke cruelty, emotional responsiveness, and joke appreciation. Humor: International Journal of Humor Research.

 

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