El Open Mic acaba siendo el formato donde nos tenemos que foguear la mayoría de pardillos o aquellos monologuistas que, igual siendo más contrastados, sí tienen material nuevo o simplemente por cómicos que se quieren dar a conocer en nuevas zonas o locales.

El formato respecto a un show de comedia “cerrado” difiere en unas cuántas cosas: Limitación de tiempo por cómico, en algunos te pueden cortar en caso de “pinchazo”, precio de las localidades, normalmente no se cobra, etc. ya que se supone que el objetivo principal del mismo es dar una plataforma básicamente en los 3 casos que hemos citado anteriormente. Sin embargo, esto no implica que la organización del mismo tenga el derecho a hacer básicamente lo que le de la gana, tanto por respeto a los monologuistas como incluso para el público.

Viendo los toros desde la barrera (como público) y desde la arena (como monologuista y como organizador), además de comentar con diversos compañeros, ahí va una serie de aspectos que muchos de ellos conocerás, pero que en algunos casos te pueden ser de ayuda si quieres empezar a montar algo así, especialmente en ciudades o provincias pequeñas como es mi caso (en las grandes ya ni me meto):

  1. Informa muy bien de lo que es un Open Mic. Esto incluye al público. Pese a que como decía justo antes de empezar, ciudades como Madrid, Barcelona o incluso algunas más pequeñas como Murcia tienen tradición en este formato, en muchos otros sitios la única palabra que entiende el público asistente es “monólogos”.
  2. Informa muy bien de las normas a los participantes. Básicamente para que no haya malos entendidos: Tiempo por actuación, si existe la posibilidad de que les corten, orden de salida, etc. aunque hay que entender también la necesidad de ser flexible en ciertas cosas.
  3. Genera valor sobre el show en sí. Me explico: Creo que uno de los mayores problemas del stand-up respecto a otros formatos es que siempre puede haber alguien en el público que piense “bueno, esto es gente que sube a contar cuatro chistes y que lo puede hacer cualquiera”, “yo mismo soy más gracioso” y cosas similares. Cuidar desde la propia música a utilizar (entrada, descansos, final, etc), integrar cierta puesta en escena o incluso añadir elementos más allá de un simple micrófono ayudará a darle valor a lo que la gente está viendo. Pero hay más cosas.
  4. Busca sitios que te puedan ofrecer consistencia.  Es inevitable que te veas obligado a hacer cambios de un evento a otro, probar diferentes precios y formatos, pero es importante conseguir cierta estabilidad tanto en la estructura de show como en lugar y fechas (por decir un ejemplo: “primer miércoles de cada mes”) ya que facilitará mucho el trabajo para darte a conocer, realizar inversiones (publicitarias, material), en incluso dedicar tu energía mental a otras cosas.
  5. Y en los que se respete el show. Aunque es obvio que el local querrá hacer caja (sobre todo cuando no hay entrada), también es necesario un mínimo de respeto a la actividad que se esté haciendo, como no atender mesas durante las actuaciones (salvo que el local esté muy bien preparado para ello), hacer ruido (lavavajillas o cafeteras en marcha a 3 metros de la zona de actuación), evitar el trasiego de gente en la zona de público, puntualidad, etc. así como, sobre todo, un mínimo de calidad de sonido, luz e imagen. A veces incluso una simple cafetería ha resultado mejor o más cuidadosa que locales supuestamente con más tradición.
  6. Al presentador le toca currar, y duro. Las funciones de presentador en estos casos creo que son un poco como las de un medio centro organizador en un partido de fútbol. Desde trabajar con material probado (a mi modo de ver, el mismo no se debería poner a probar chistes) para compensar posibles pinchazos de compañeros, pasando por conocer a los cómicos que se van a subir, o llevar muy bien los timings de sus presentaciones (en ocasiones rompiendo el ritmo) o incluso compensar los tiempos del show total (en una ocasión me he encontrado en un open con una sala llena… Y un único cómico más que iba a probar 5 minutos) sacando el material que sea necesario. Incluso podemos decir que muchas veces un buen monologuista no es un buen presentados y viceversa.
  7. Da valor a los cómicos. En muchas ocasiones, por el precio de las entradas (incluso a veces libre), el poco público asistente (un compañero ha hecho un Open Mic para… 1 PERSONA) o simplemente por política de show, los cómicos no cobran. Esto creo que no se puede valorar en general porque cada evento tiene sus circunstancias, pero sí darse cuenta de que se debe dar una contraprestación en proporción a la exigencia del mismo: Fotos, repercusión en Redes Sociales, un show cuidado como decíamos antes, etc.
  8. Vete con cuidado a lo que puede venir. Sobre todo cuando movemos el Open Mic como algo plenamente abierto y que se suba quién quiera. Esto puede ser perfectamente un imán para frikis, chisteros con repertorio basado en Twitter o incluso gente con unas copas-chupitos encima que se vienen arriba. De cada vez soy más partidario (y a veces ni aún así lo podemos evitar) de poner ciertas normas para la gente que quiere participar, pasándolas incluso por escrito y/o no aceptando cómicos sin referencias. Cuidado, puede venir alguien muy novato (como es mi caso casi todavía a fecha de hoy) o alguien que le salga mal porque pensaba que sería mejor texto o se ha puesto nervioso (también es mi caso); pero incluso con una mala actuación se ve quién más o menos se ha dedicado a intentar trabajar y defender su texto.
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